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De Google a Alphabet

By | August 14, 2015

¿Recuerdas cuándo oíste hablar de Google la primera vez? En realidad, no hace tanto. Como otros gigantes tecnológicos tan asentados en nuestras vidas, apareció en escena muy recientemente. El próximo 27 de septiembre cumplirá 17 años. Mucho o poco, según se mire, su trayectoria ha sido vertiginosa. Hasta tal punto, que su evolución natural lo ha llevado a necesitar un nuevo nombre.

 

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Sus padres (Larry Page y Sergey Brin) no quisieron limitarse a un único modelo de negocio, pensando siempre en nuevas aplicaciones para cada innovación que firmaban. La curiosidad de Google ha mostrado interés por campos tan variados como el transporte o la medicina, proyectando siempre una mentalidad de progreso hacia un mundo mejor.

Los beneficios del buscador suman miles de millones de dólares. Hace un año cumplió su 10º aniversario en NASDAQ, con un valor 14 veces superior a su salida a bolsa. Es la base financiera de un sistema de incubadoras para proyectos secundarios, que no necesitan mostrarse rentables a corto plazo. Este vivero de conceptos nutre de ideas frescas y patentes la caja fuerte de la multinacional, asegurándole un puesto destacado en I+D.

 

Sería ingenuo imaginar Alphabet
como una corporación
bienintencionada y filantrópica.

 

Hasta hoy, Google ha mostrado dos líneas de acción: el negocio básico (Chrome, Android, YouTube, etc.) y el laboratorio de ideas que engloba todo lo demás. Para favorecer la independencia de cada rama, sus directivos han decidido reservar el nombre de Google para el primer grupo y desligarlo de los demás proyectos. Desde ahora será un apéndice del nuevo gigante, Alphabet, pensado para denominar un conglomerado empresarial de iniciativas tecnológicas.

 

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El horizonte al que mira Alphabet

Pasar del desarrollo de software a hacer hardware ha sido su principal salto cualitativo. Las Google Glass son el producto más conocido de esta nueva generación, pero es solo el principio. Cada día se le descubren nuevas posibilidades -por ejemplo, la asistencia a los cirujanos en quirófano- y, a la vez, nuevos inconvenientes para su comercialización definitiva.

 

Coches que se conducen solos, drones e internel global

Los visionarios del laboratorio Google X ya ha desarrollado con éxito un coche que no necesita conductor. Como cualquier invento revolucionario, Google Car tiene una larga carrera de obstáculos que superar hasta hacerse habitual en las calles. Su aspecto cartoon y su discreta velocidad (un máximo de 40 kms. a la hora) solo son trabas iniciales. Hubo que adaptarle pedales y volante para uso manual de emergencia y el FBI sospecha de él por ser susceptible de caer en uso criminal.

 

Google comparte
con Facebook su interés
por que internet sea
gratuito y universal.

 

Otra de sus controvertidas líneas de exploración es el proyecto Wing, un sistema de drones que transformará para siempre los servicios de entrega a domicilio. La navegación automática se apoya en la experiencia de Google en geolocalización. Por supuesto, estos vehículos aéreos autónomos tienen también montones de aplicaciones ilícitas, tantas como dificultades para lograr su permiso de explotación.

Google comparte con Facebook su interés por que el acceso a internet sea gratuito y universal –sus modelos de negocio dependen de que todo el mundo esté siempre conectado-. Reducir las áreas en la Tierra donde falta cobertura es otro de sus campos de trabajo. El proyecto Loon pretende usar una red de globos aerostáticos a 32 kms. de altura para dar señal WIFI a todo el planeta.

 

 

Salud de hierro

La rama médica se denomina Google Life Sciences y su proyecto estrella es el Baseline Study, un profundo aprendizaje de la naturaleza de las enfermedades. En su fase inicial, Baseline estudió a 175 personas en busca de los marcadores que delatan las dolencias, aun antes de manifestarse, y su interconexión en patrones nunca antes interpretados. Su objetivo es procesar esa infinidad de datos para establecer modelos predictivos y nuevos sistemas de diagnóstico.

Vigilar en todo momento las constantes vitales ya es posible gracias al monitor médico de pulsera. Lo suficientemente fiable para su uso en hospitales, así como las lentes de contacto inteligentes que miden los niveles de glucosa de los diabéticos y avisan si algo va mal.

 

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A la realidad desde la ciencia ficción

El desarrollo i+D es muy sensible al espionaje industrial. Es fácil de entender que cualquier empresa investigue con discreción. Sin embargo, cuando el secretismo afecta a avances tan espectaculares como estos, se presta a rumores de todo tipo. Desde terapias contra el envejecimiento hasta inteligencia artificial, humanoides, nanotecnología, nuevas fuentes de energía y hasta un ascensor espacial… cuesta imaginar serenamente qué estarán cocinando los visionarios de Google X.

Pero, en lugar de soñar entusiasmados cara al futuro, miramos con recelo todas estas promesas. Sería ingenuo imaginar Alphabet como una corporación bienintencionada y filantrópica, como vimos al incipiente Google en su día -cuando a Gmail se llegaba por la invitación de un amigo-, tan de buen rollo, con su manera fresca y atractiva de entender las cosas.

 

Necesitamos una relación
más inteligente con el entorno
y la sociedad.

 

El concepto del progreso optimista hace mucho que pasó de moda. Los grandes lobbys industriales determinan qué tecnologías se implantan y cuáles se silencian y, centrados en sus políticas especulativas de rendimiento inmediato, parecen arrastrar a la humanidad hacia el desastre. Necesitamos urgentemente otra manera de afrontar las cosas para reconducir la situación. No solo máquinas con nuevas prestaciones para que deseemos comprarlas impulsivamente, sino una nueva óptica para mirar al futuro. La esperanza en una relación más inteligente con el entorno y los recursos naturales, menos enfocada en el dinero y más sensible con el resto de la sociedad.

 

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